22/10/10

En Venezuela ganó la democracia

► Por Javier Díaz

En una Latinoamérica cuya democracia pareciera no terminar de afianzarse la participación en las elecciones constituye la mejor herramienta para su consolidación. Lejos de ser vista como tal, la asistencia récord en los comicios recientemente celebrados en Venezuela es un dato ninguneado: sólo interesa analizar quien ganó.
A finales del pasado mes de septiembre Venezuela vivió un nuevo acto eleccionario en el que la ciudadanía debía definir cómo quedaría conformado el nuevo Parlamento. Los guarismos arrojados por el escrutinio determinaron que el Partido Socialista Unido de Venezuela, liderado por el presidente Hugo Chávez, obtuvo 98 de los 165 diputados (casi el 60%). Por su parte, el principal bloque opositor se aseguró 65 lugares. De este modo el oficialismo no alcanzó los 2/3 del Parlamento que necesitaba para mantener la mayoría absoluta.
Quizás no llame demasiado la atención, porque es lo que ocurre en general cuando la gente va a las urnas; pero cabe resaltar cómo casi exclusivamente a este aspecto en particular se redujo el análisis realizado por los diferentes medios acerca de las elecciones. Fue preocupación y motivo de debate por doquier si Chávez ganó, o si lo hizo la oposición; al igual que lo que significa el numero de votos obtenido por uno y otro. Sin embargo el hecho de que se haya realizado un nuevo acto eleccionario en otro país latinoamericano importa otras connotaciones, de las cuales poco y nada se ha dicho.
Uno puede preguntarse ¿cuáles son esas connotaciones? ¿Qué es aquello tan importante y de lo que poco se habla? ¿Por qué un simple hecho como ‘votar’ en nuestra región puede adquirir otra importancia? La respuesta a estos interrogantes aparece clara en la historia, no muy lejana, de este continente.
La realidad de América Latina parece indicar que, a pesar de haber superado las dictaduras militares de los años 70, su democracia debe fortalecerse y demostrar vigencia día a día. La vida política en los países de la región, a partir de mediados de los 80, se ha tornado tan inestable y confusa que resulta común observar cómo conviven constantemente actos eleccionarios con intentos golpistas que ponen en jaque la institucionalidad. Así, casi al mismo tiempo que, por ejemplo, en Brasil se elegían nuevas autoridades, el presidente de Ecuador quedaba al borde de ser depuesto por la fuerza.
Entonces, atendiendo a la historia, queda claro que una jornada electoral en Latinoamérica no puede reducirse sólo a un análisis que gire en torno a su resultado final. No es que esto carezca de importancia, todo lo contrario. En el caso particular de Venezuela, que el oficialismo no haya logrado la mayoría absoluta en el Parlamento no es un dato más, porque ahora para la aprobación de ciertas leyes necesitará el consenso de la oposición.
No obstante hay otras cuestiones igualmente importantes, de las que prácticamente no se habla. Una vez finalizado el escrutinio definitivo, la rectora principal del Consejo Nacional Electoral venezolano, Tibisay Lucena, informó que la participación en los comicios legislativos fue histórica, porque registrándose un 66% del padrón (más de 17 millones y medio de votantes), fue la más elevada en los últimos años. Esto demuestra una toma de conciencia por parte del pueblo de que la participación ciudadana es fundamental para mantener y fortalecer la democracia.
El caso ecuatoriano, antes mencionado, no fue el único levantamiento en contra de un gobierno constitucional. A este se suman otros similares ocurridos en los últimos años. En 2002 el propio Chávez fue destituido de su cargo producto de un golpe de estado llevado a cabo por las Fuerzas Armadas venezolanas; aunque una fuerte revuelta popular permitió el retorno del presidente. Más grave aún fue lo ocurrido el pasado año en Honduras, donde su máximo mandatario, Manuel Zelaya, fue derrocado y nunca se lo restituyó.
La historia de América Latina habla por sí misma. Desde el retorno a la democracia en los años 80 del siglo XX, ésta nunca dio la sensación de estar del todo firme. Por eso el nivel de participación en Venezuela significa una fuerte contribución a su afianzamiento. Es un logro, que va más allá de qué partido político es el vencedor, el hecho que un pueblo aprehenda la importancia de unos comicios para la estructura del sistema. Más aún en un continente como el americano, donde los intentos desestabilizadores parecieran estar a la orden del día.

FUENTES CONSULTADAS
http://www.matrizur.org/
http://www.americaxxi.com.ve/

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